jueves, 22 de mayo de 2008

Registro personal: "¿Literatura o realidad?"

La primera obra que leí fue El Matadero. Es una obra muy metafórica, y llena de sentidos. Es muy interesante la comparación que se hace entre lo que es el matadero con la forma de ejercer el poder que tenían los federales. En lo personal, esta obra me causó mucha impresión en cuanto a la manera de castigo. Es muy morboso, si así se lo puede definir. Hasta uno mismo es capaz de sentir ese dolor tan claramente expresado en el relato al observar a quienes actúan con brutalidad y sin piedad, a quienes hacen de un mismo territorio una división de razas, que no era real. El castigo mediante la Refalosa era terrible, o peor aún, era placentero para quien lo realizaba. Comparándolo con la segunda obra, La Malasangre, el padre de Dolores también disfrutaba haciendo el mal uso de su poder. Esta obra particularmente fue la que más me impactó. Tal vez, porque por ser una obra teatral, el lenguaje o la manera de escritura hace que uno se sienta más susceptible ante lo que se cuenta, hasta llegar a ser parte de la historia, viviendo cada sentimiento como si fuese propio. Me impactaba mucho cómo una persona es capaz de manejar tantas vidas sin ningún tipo de lástima, de amor hacia su propia familia, y cómo la gente de su alrededor es cómplice de sus actos por miedo a las consecuencias que puede traer. Me impactaba ver cómo se repartían las cabezas de los muertos como si fuesen melones y cómo se llegaba a matar a alguien sólo por querer vivir de otra manera, como el caso de Rafaél. En este mal uso del poder, que da una pureza que nada toca (como decía un fragmento del libro), tiene mucha relación con lo que se vive hoy en día, donde seguimos siendo cómplices y víctimas de los actos más crueles, que ya no tienen tanto que ver con la muerte física, sino con la muerte del espíritu, de la pérdida de valores, de la esperanza por algo mejor. En "Maestras Argentinas", con un poco de humor, podemos tomar este tema desde el punto de vista "cómico", buscarle el sentido paródico a aquello que tanto dolor causa. Aunque es necesario entender que reírse de lo que duele no es sinónimo de olvido, como pasa generalmente en nuestro país. Nos reímos del cacerolazo del 2001, nos reímos de esta obra que cuenta de manera graciosa como mataban gente, nos reímos por complicidad, y hasta por cobardía. Tanto reír confunde. Creemos que la risa trae la felicidad. Felicidad que nos lleva a no querer recordar aquello por lo que sufrimos, felicidad ficticia, como aquella que nos muestran estos textos, donde se ve la felicidad de unos pocos a costas del sufrimiento de mucho otros.Leyendo estas obras pasé por varios estados: IMPRESIÓN, ASCO, DOLOR, MIEDO, BRONCA, y hasta OLVIDO. Lo traslado a mi realidad, más precisamente a mi país. Y vuelvo a sentir todo esto, sin ninguna diferencia. La realidad es que algo tan lejano como aquellas historias (en cuestión de tiempo) se tornan actuales al leerlas. Veo cómo la historia se repite. Y me duele ver que el último sentimiento siempre es el OLVIDO. Me duele saber que éste no es un sentimiento más, sino que es el que encabeza la bolsa. Ese que termina ganando por sobre todo sentimiento que nos lleve a buscar la justicia. Me encantaría sacarlo, eliminarlo de mi diccionario y reemplazarlo por MEMORIA. Para ello, cuento con mis relatos, con la literatura, y con mis ganas de olvidarme del olvido, para poder terminar con los sucesos dolorosos y para poder reír sin la necesidad de evadir otra vez lo que forma parte de nuestra historia, la Historia Argentina.

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