Y son cada vez menos. El amor se va perdiendo...
Ese amor tan profundo, muchísimo más profundo que algunos otros amoríos. La satisfacción de uno y la sonrisa del otro.
Ese otro que camina rápido porque no llega pero igual se queda un ratito, y aunque no tire ni una moneda, te brindó esa sonrisa que es un tesoro!
Estos muchachos laburan por esa sonrisa. Vereda concurrida en Florida; debajo del viejo ombú de Palermo... Entre gorras y fundas le dan vida a la agonía.
Entre entorchados y maderas, con los dedos y el cuero, y con la aleación a todo pulmón.
Y si nos ponemos a pensar... El amor es lo que se pierde? o cuando en el rincón de la pensión, ves esa viola con el alma destensionada, para que alargue la vida... es porque la vida misma hizo que no puedas alegrar (y alegrarte) el paso de los caminantes de nuestra ciudad?
Lentes oscuros, sombrero bien gastado, chaqueta de cuero y puros huesos: firme con la verdulera en el regazo, tango va tango viene. Melodías del arrabal, sin enchufes ni estadio, fuelle a corazón.
Las criollas, los rulos, los gorros y las barbas. No solo de rumba vive el hombre, pero el amor los alimenta.
Agarrando la escalera, abajo de la avenida, y se te va el amarillo porque el pelado con ese brillante conjunto de llaves de bronce te puso la piel como un pollo.
Subiendo con ritmo norteño, sobre cuatro ruedas sin sacar boletos pero sacando sí muecas alegres del que solito o acompañado va...
Desde Cuba, llenar de almas un estadio y al par de horas la plaza más cercana.
Apoyar las causas justas. Cuando uno canta todo puede crecer.
"¿Dónde más cultura que en las calles y en los bares?" Ha dicho quién habla el "portuñol".
Pura libertad y felicidad es lo que profesan, sin contratos, sin ganchos. La voz no hay quien la frene. Ni con barrotes. Ni con paredes. Ni con palos.
No hay como callar un corazón; menos, si se acompaña con melodías.
Larga vida a la música callejera.
lunes, 3 de noviembre de 2008
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