Hace dos meses visité a una prima mía, entre mate y mate y meta chismes escucho ruidos en el baño. Se trataba de Lucy, una señora que frecuenta la casa de mis tíos martes, jueves, y porqué no, sábados también.
Petisita, tez morena, con arrugas en las manos y en su rostro. Pelo corto, con raíces y mucho frizz.
Se me acerca, se presenta con una sonrisa, caracterizada por la ausencia de su maxilar superior. La miro, la saludo y le pregunto cómo está. Instantaneamente me responde :
- Masomenos, ando con dolore de espalda viste, encima el alesi se me agarro una angina, el juan, mi marido, viste! que casi lo echan y del callo del pie ni te cuento. Asi andamos!
Al terminar con su monólogo, le convido con facturas, me agradece, toma una e inmediatamente se retira con un poco de prisa, gritando:
- Mejor me apuro, así termino rapidito que la Prince sale a las seis del cole.
Ahí mismo, fue cuando me pregunté qué será de la vida de ésta pobre.
Lucy de aproximadamente 50 años de edad, es de esas mujeres a quienes al no alcanzarle el dinero para el sostén de su familia, decide salir a trabajar.
Vive en Dock Sud, en los suburbios. Hace un año se incendió su casa, y todavía no encuentran causas de ello. Tiene tres hijos, Alexis de 11 años, Prince de 9 y Diana que no vive más con ella. Juan, su marido, trabaja en una de esas casas dónde se alquilan chicas, como "mesero" eso dice.
La pobre mujer trabaja en cinco casas distintas, ayudando con las tareas del hogar. Cobra $8 la hora y me pregunto ¿realmente cuesta $8 todo lo que aquella pobre mujer llega a hacer en una hora? Que te ordena aquí, que te ordena allá, lava trastos y pisos, plancha camisas, pliega camas, barre y ni hablar de como te deja los vidrios, su especialidad.
Si vieran con qué alegria hace su tarea, como si su vida fuera perfecta sin problemas ni preocupaciones. Ella viene, hace su labor, luego te acompaña cebándote mates, te escucha, te cuenta, te aconseja, todo con plena sinceridad. ¿Será feliz?
Lo dudo. Cuando llega a su casa, después de un largo día, como quien dice, Lucy no descansa. Tiene ropa que planchar, buches que llenar, limpieza que hacer y un marido pa´ complacer.
Esta pobre mujer que ni con su vida debe poder, es más buena que el pan. La gente le da su ropa cuando ésta gastada está, Lucy nunca dice no. Agradece todo en la vida, optimista y nada de delirar, bien humilde, pies sobre la tierra, orgullosa de su pasar.
La otra noche me contaba que La Diana fue para Luján, y que en Rodriguez una ampolla le impidió avanzar.
La desdichada no se queja y da sin condición, Ya en el barrio la rotulan "la del enorme corazón". Los días para ella son todos iguales, y de las semanas ni hablar. Sin embargo, los viernes cuando le toca casa, hacemos un lugarcito y a matear!
Nadia Soledad Bonfigli
jueves, 9 de octubre de 2008
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